Impacto en la biodiversidad

 Impacto en la biodiversidad

El principal impulsor de la pérdida de biodiversidad sigue siendo el uso de la tierra por parte de los seres humanos, principalmente para la producción de alimentos. La actividad humana ya ha alterado más del 70 por ciento de toda la superficie libre de hielo. Cambiar el suelo para uso agrícola puede suponer para muchas especies animales y vegetales la pérdida de su hábitat y estar al borde de la extinción.
Pero  el cambio climático  juega un papel cada vez más importante en la disminución de la biodiversidad. El cambio climático ha transformado los ecosistemas marinos, terrestres y de agua dulce en todo el mundo. Ha provocado la pérdida de especies locales, el aumento de enfermedades y ha impulsado la mortalidad masiva de plantas y animales, dando lugar a las primeras extinciones provocadas por el clima.
En la Tierra, las temperaturas más altas han obligado a los animales y las plantas a desplazarse a zonas o latitudes más altas, muchas de ellas hacia los polos de la Tierra, con consecuencias de gran alcance para los ecosistemas. El  riesgo de extinción de especies aumenta con cada grado de calentamiento. 



¿Por qué la biodiversidad es esencial para frenar el cambio climático?

Cuando las actividades humanas producen gases de efecto invernadero, aproximadamente la mitad de las emisiones permanecen en la atmósfera, mientras que la otra mitad es absorbida por la tierra y el océano. Estos ecosistemas -y la biodiversidad que contienen- son sumideros naturales de carbono y ofrecen las llamadas soluciones naturales al cambio climático.

La protección, gestión y restauración de los bosques, por ejemplo, ofrece aproximadamente dos tercios del potencial total de mitigación de todas las soluciones naturales. A pesar de las pérdidas masivas y continuas, los bosques todavía ocupan más del 30 por ciento de la superficie terrestre del planeta.

Las turberas (humedales como marismas y pantanos) ocupan sólo el 3 por ciento de la tierra del mundo, pero almacenan el doble de carbono que todos los bosques. Preservar y restaurar las turberas significa mantenerlas húmedas para que el carbono no se oxide y flote hacia la atmósfera. 

Los hábitats oceánicos, como  las praderas marinas y los manglares,  también pueden secuestrar dióxido de carbono de la atmósfera a un ritmo hasta cuatro veces mayor que el de los bosques terrestres. Su capacidad para capturar y almacenar carbono confiere a los manglares un gran valor en la lucha contra el cambio climático.

La conservación y restauración de los espacios naturales , tanto terrestres como acuáticos, es fundamental para frenar las emisiones de carbono y adaptarse a un clima ya cambiante. Alrededor de  un tercio de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero necesaria  en la próxima década podría lograrse mejorando la capacidad de la naturaleza para absorber emisiones. (Leon Ricardo Cruz San Martin)


Referencias:
Naciones Unidas (sf). Biodiversidad y
cambio climático. Naciones Unidas
Recuperado el 23 de junio de 2024 de 

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